miércoles, 30 de marzo de 2016

El cumpleaños de la abuela



Ayer por la tarde comenzaron a armar frente a Don Bosco una carpa de esas que atraviesan en la mitad de la calle aquí en Camboya cuando hay un matrimonio. Durante todo el día mientras daba mis clases escuché música y oraciones. Al terminar pregunté qué era, pero esta vez no se estaba celebrando la unión de dos personas: hoy se cumplen los tres años de la muerte de la abuela de las vecinas de la tienda al otro lado de la calle. Es el final del luto.


Cuando viajo a alguna parte siempre visito los cementerios, pues me gusta tratar de entender la relación que la gente tiene con la muerte, y con sus muertos, y cuando llegué a Camboya pedí que me llevaran a alguno, pero aquí no hay cementerios. Ocasionalmente se ven en el camino algunos monumentos donde los chinos entierran a sus muertos, pero no es que haya un lugar determinado para hacerlo, no sé cómo deciden dónde ponerlos, pero a veces junto a una carretera se ven tumbas de ese tipo, lejos de las casas o de los templos.

En las pagodas también hay unas construcciones que se llaman stupas, que son como unas campanas enormes donde se ponen las cenizas de algunas familias y de los monjes más importantes. Pero en general, cuando muere algún camboyano el ritual no incluye un entierro como nosotros lo conocemos. Aquí creen en la reencarnación. La muerte es el paso para la siguiente vida, y un buen ritual de despedida ayudará al espíritu a encontrar su camino hacia la siguiente etapa, por eso hay que ser muy cuidadosos y cumplir cada uno de los pasos del duelo. 

Cuando una persona muere, el cuerpo se pone en un ataúd y se lleva a la casa. Durante varios días los monjes van a hacer las oraciones, y casi siempre al tercer día se hace una procesión con el ataúd a la que acuden todos los familiares, vecinos y amigos para llegar al templo donde se hace la cremación. A excepción de los monjes, todos se visten de blanco. Luego de la cremación las cenizas permanecen en una casa de madera, que simula una casa de verdad, y después de tres años algunas veces ponen las cenizas en las stupas, pero la mayoría de los camboyanos mantienen a sus muertos en el patio al frente de su propia casa, en unas casitas de madera de colores donde guardan las urnas con las cenizas de sus familiares, quienes los acompañan y cuidan en esta vida. Alguien me dijo que a veces guardan pedacitos de las cenizas de sus seres queridos y las utilizan como amuletos en collares o pulseras, para que estén siempre con ellos. 

Al terminar mi clase conversé con uno de los chicos de la escuela, quien trató de explicarme lo que pasaba al frente, luego me dijo que fuera tranquila, que no le molestaría a nadie porque somos sus vecinos. Llegué al final de la ceremonia de los monjes cuando estaban terminando el rezo y la familia hacía la donación para la pagoda. Luego comenzó la cena, me invitaron a comer pero en mi nulo camboyano logré decir que no (espero que de manera educada), luego hubo música de fiesta.

Son las 10.30 de la noche y se acaba de terminar la parranda, pero la ceremonia sigue mañana, pues junto a la casa donde se guardan las cenizas había dos enormes bolsas de fuegos artificiales que explotarán a esta hora para ayudarle a la abuela a reencarnar, ojalá, en una mejor vida.







domingo, 27 de marzo de 2016

Aprendiendo a ser profe

- What do you think of this picture? 

Fue la pregunta que les hice a mis estudiantes el segundo día de clase mientras les mostraba una hermosa fotografía de National Geographic donde aparece el primer plano de una mujer que llora en medio de otras mujeres en una boda en la India.

- Is ugly, teacher. Respondieron en coro.
- Why do you think it is ugly? Les pregunté, soprendida.
- The woman is crying. People crying is not pretty.

El inglés no es mi primera lengua. Ni mi segunda. De hecho, el inglés no es mi lengua. Soy del tipo de personas que se refiere a una cámara como she aunque sea un it, supongo que eso mismo les pasa a mis estudiantes camboyanos cuando se refieren a un niño como un it porque en su idioma solo se empieza a ser he o she a cierta edad, cuando sos chiquito sos solo un it, igual que una cámara o una lágrima.

Cuando venía para Camboya una de mis preocupaciones más grandes era el idioma, consciente de que ni ellos ni yo teníamos el inglés como primera lengua, mi apuesta fue por llegar a inventarme un lenguaje común, y de manera egocéntrica pensé que iba a ser la imagen, después de todo venía a enseñar teoría de la imagen que incluía fotografía y narrativa audiovisual, y para eso llegué cargada de fotos y videos hechos por estudiantes "como ellos" pero del otro lado del mundo.

Desde la primera clase me di cuenta de que ninguno de los cortos que había traído me iba a servir, pues estoy trabajando con chicos del campo en un país que vive en la edad media con WiFi, la mayoría de ellos no tiene televisión, y ninguno ha entrado a una sala de cine. No tienen referentes audiovisuales más allá de lo que encuentran en Facebook, porque aquí el cine por internet está muy regulado. No han visto Matrix, no saben qué son los Óscars, ni han oído hablar de Marlon Brando. Su cine son los Soap Operas tailandeses de mínimo presupuesto que ven en el televisor de alguna tienda cuando paran a comprar jabón, y las películas chinas que proyectan en la pared del café internet de Don Bosco los viernes por la noche, que son las que les gustan y con las que disfrutan su tiempo libre. Comparados con ellas, los cortos que les traje producidos en nuestra tierrita son violentos, aburridos y difíciles de entender.

Igual que con el lenguaje hablado, ser un she o un it pasa con la imagen, pero uno no lo piensa hasta que llega hasta aquí y se da cuenta. No hay un lenguaje universal. Lo primero que estoy tratando de entender es que aquí no hay diferencia entre la fotografía y su contenido. Si lo que hay en ella les parece feo, entonces la fotografía es fea. Y feo es todo aquello que no les gusta o que les da miedo, como una persona que sufre, un cocodrilo o el fondo del mar. ¿Qué tiene de bonito un árbol? es una mesa sin construir, no hay nada allí; y, ¿para qué fotografiar un gato, si hay miles en la calle?, un cerdo o una vaca son comida, y simplemente it.

La foto de la mujer es fea porque llora. No importan la composición, el color, el foco, el detalle o la luz. Para ellos hay una she donde yo veo muchos it. Hay una mujer llorando, y eso es todo. ¿Lo demás? Lo demás dejémoslo para nosotros, pequeñoburgueses intelectuales que seguimos creyendo que siempre hay más, cuando en realidad siempre debería haber menos. Una foto es lo que comunica, y si ella comunica tristeza no hay por qué decir que es bonita. Más simple no puede ser.

¿Qué les voy a aprender mañana? Son las cinco y no he preparado su clase.

sábado, 5 de marzo de 2016

El karma de Missi y Charly


Missi y Charly son dos golden retriever, un par de hermanos juguetones que tienen más o menos ocho meses, el tiempo suficiente para ser perros grandes, fuertes, e incluso amenazantes para quien no esté acostumbrado a convivir con este tipo de razas. A diferencia de la mayoría de los perros en Camboya, ellos tuvieron la fortuna de crecer entre humanos en una escuela técnica, que además tiene jardín infantil e internado.  Hasta aquí la historia es muy simple, pero la mala suerte es que nacieron en un país donde los perros son comida, de hecho, los perros, particularmente los negros, son un plato muy apetecido en el año nuevo jemer en abril. Es decir que la esperanza de vida perruna en muchos casos es solamente de un año, y cada 365 días se renueva buena parte de la población canina del vecindario.

Hoy Missi y Charly se van de la escuela. Su mantenimiento es costoso, a los estudiantes no les interesa cuidarlos, los voluntarios tenemos demasiado trabajo y no estamos disponibles todo el tiempo,  y sobre todo, algunos camboyanos consideran que por su tamaño pueden ser peligrosos para los niños del jardín infantil que ya han tenido un par de sustos por ataques de cariño exagerados que les han dado los perros. Estamos de luto, pero este drama no sería tan grande si en lugar de labradores se tratara de cerdos o de vacas. ¿Quiénes creemos que somos para decidir que la vida de un animal vale más que la vida de otro?

Missi y Charly se van con un vecino filipino que tiene un hotel. Allá seguirán viviendo entre turistas que los tratarán con más cariño y cuidado del que tienen la mayoría de los niños de este pueblo.  Tal vez sea su karma, o simplemente hay perros con suerte.