Ayer por la tarde comenzaron a armar frente a Don Bosco una
carpa de esas que atraviesan en la mitad de la calle aquí en Camboya cuando hay
un matrimonio. Durante todo el día mientras daba mis clases escuché música y
oraciones. Al terminar pregunté qué era, pero esta vez no se
estaba celebrando la unión de dos personas: hoy se cumplen los tres años de la
muerte de la abuela de las vecinas de la tienda al otro lado de la calle. Es el final del luto.
Cuando viajo a alguna parte siempre visito los cementerios,
pues me gusta tratar de entender la relación que la gente tiene con la
muerte, y con sus muertos, y cuando llegué a Camboya pedí que me llevaran a alguno, pero aquí no hay cementerios. Ocasionalmente se ven en
el camino algunos monumentos donde los chinos entierran a sus muertos, pero no
es que haya un lugar determinado para hacerlo, no sé cómo deciden dónde
ponerlos, pero a veces junto a una carretera se ven tumbas de ese tipo, lejos de las casas o de los templos.
En las pagodas también hay unas construcciones que se llaman
stupas, que son como unas campanas
enormes donde se ponen las cenizas de algunas familias y de los monjes más
importantes. Pero en general, cuando muere algún camboyano el ritual no incluye un entierro como nosotros lo conocemos. Aquí creen en la reencarnación. La muerte es el paso para la siguiente vida, y un buen ritual de
despedida ayudará al espíritu a encontrar su camino hacia la siguiente etapa, por eso hay que ser muy cuidadosos y cumplir cada uno de los pasos del duelo.
Cuando
una persona muere, el cuerpo se pone en un ataúd y se lleva a la casa. Durante varios días los monjes van a hacer las oraciones, y casi
siempre al tercer día se hace una procesión con el ataúd a la que acuden todos
los familiares, vecinos y amigos para llegar al templo donde se hace la
cremación. A excepción de los monjes, todos se visten de blanco. Luego de la cremación las cenizas permanecen en una casa de madera, que simula una casa de verdad, y después de tres años algunas veces ponen las cenizas en las stupas, pero la mayoría
de los camboyanos mantienen a sus muertos en el patio al frente de su propia casa, en
unas casitas de madera de colores donde guardan las urnas con las cenizas de sus familiares, quienes los acompañan y cuidan en esta vida. Alguien me dijo que a veces guardan pedacitos de las cenizas de sus seres queridos y las utilizan como amuletos en collares o pulseras, para que estén siempre con ellos.
Al terminar mi clase conversé con uno de
los chicos de la escuela, quien trató de explicarme lo que pasaba al frente, luego
me dijo que fuera tranquila, que no le molestaría a nadie porque
somos sus vecinos. Llegué al final de la ceremonia de los monjes cuando
estaban terminando el rezo y la familia hacía la donación para la pagoda. Luego comenzó la cena, me invitaron a comer pero en mi nulo camboyano logré decir que no (espero que de manera educada), luego hubo música de fiesta.
Son las 10.30 de la noche y se acaba de terminar la parranda, pero la ceremonia sigue
mañana, pues junto a la casa donde se guardan las cenizas había dos enormes
bolsas de fuegos artificiales que explotarán a esta hora para ayudarle a
la abuela a reencarnar, ojalá, en una mejor vida.


